Meningioma en el surco olfatorio

O fantosmia. Se perciben olores que no existen y son generalmente desagradables. Se pueden interpretar como propios o externos.
unreal
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Registrado: Mar, 31 Mar 2020, 14:17

Meningioma en el surco olfatorio

Mensaje por unreal »

Tenía algo más de 50 años cuando comencé a percibir olores desagradables que los demás no olían. Eran olores inexistentes y muy intensos que la mayoría de las veces eran a quemado y otras a excrementos. En algunas ocasiones no reconocía los olores, pero siempre eran muy fétidos.
Una revisión en el otorrinolaringólogo descartó alteraciones orgánicas en la nariz y en el sistema respiratorio.

El siguiente paso fue ir a la consulta del neurólogo quien me prescribió una resonancia. En ella no se encontró ningún elemento extraño en mi cerebro. Pero los malos olores imaginarios iban aumentando, así que fui a otro neurólogo quien ordenó otra resonancia. En esta sí apareció un tumor cerebral. En la anterior prueba radiológica también estaba ese cuerpo extraño, pero el técnico no lo vio.

El tumor, denominado meningioma, se encontraba en el llamado surco olfatorio. Con este nombre no es necesario ser un experto en fisiología para deducir el por qué de los intensos y desagradables olores inexistentes.

El hedor era persistente, cada vez más intenso, y lo provocaba esta alteración que se encontraba en la zona del cerebro relacionada con el olfato. El neurólogo no me dio opción, me dijo que la solución era quitarlo, y me derivó al neurocirujano. Éste me dijo que era una intervención de alto riesgo y que no debía operarme porque no me garantizaba el éxito de la operación y porque las secuelas podrían ser impredecibles. Incluso fatales.

Me explicó que el meningioma estaba en la parte de abajo del cerebro, a la altura de la nariz, pero que el abordaje era desde el cráneo y que había que profundizar mucho hasta llegar a la masa de células que crecía descontroladamente, por lo que el daño que me produciría hasta llegar a él sería importante e imprevisible. Añadió que era una intervención con mucha pérdida de sangre y con una probabilidad alta de no superar la operación.
El especialista concluyó diciendo que no aconsejaba intervenir por el momento, sólo cuando la masa creciera hasta el punto de comprometer otras partes de mi cerebro, como el nervio óptico, del que se encontraba a 5 milímetros.

De vuelta al neurólogo, con el informe del neurocirujano, sólo quedaba la opción de intentar paliar tanta fetidez imaginaria con medicación antiepiléptica, lo que nunca se logró. Es más, con algunos medicamentos los efectos secundarios fueron peores que los provocados por el tumor, dependiendo del medicamento, y algunos muy intenso: Mareos, náuseas, problemas al hablar (lentitud y alteración del orden de las palabras), tristeza, visión doble y/o borrosa, cambios en el carácter, alteración del peso en ambos sentidos, disminución de la libido… pero el peor de todos ha sido la somnolencia que provocó que me quedara dormido conduciendo.

El meningioma crecía poco a poco y los médicos no daban ninguna solución eficaz al problema, ya que los tratamientos antiepilépticos no servían para reducir las alucinaciones y menos aún frenaban el crecimiento del tumor. Busqué otras opiniones médicas, y tras consultar con tres neurólogos y dos neurocirujanos, la conclusión era que no había nada que se pudiera hacer. Simplemente tenía que aguantarme y esperar a ver qué pasaba según iba creciendo la masa de células dentro de mi cabeza.

En una nueva visita al segundo neurocirujano para una revisión me mostré desesperado. No sé si fue por eso, pero ante mi insistencia por encontrar una solución este especialista me dijo que si bien la cirugía convencional no era una solución viable, quizá podía someterme a una intervención de radiocirugía. Enseguida le pedí que me explicara qué era eso.

Me dijo que esta técnica consiste en utilizar un bisturí de rayos gamma para irradiar el tumor con una cantidad adecuada de radiación, pero emitida desde varios centenares de pequeños haces que rodearían mi cabeza. De esta manera cada haz tiene muy poco efecto sobre el tejido cerebral por donde pasa, pero se concentra una alta dosis de radiación en la zona donde todos inciden, atacando el tumor con una precisión muy alta.

El radiocirujano me dijo que el objeto de esta intervención no era eliminar el tumor, sino impedir que siguiera creciendo. En consecuencia, mis alucinaciones olfativas seguirían persiguiéndo, pero al bloquear su crecimiento al menos no se comprometerían otras zonas del cerebro (el nervio óptico se encontraba a 5 mm del meningioma).

Pocas semanas después me sometí a la operación. Consistió en fijar a mi cráneo mediante tornillos enroscados al hueso una estructura en forma de jaula que posteriormente también se atornillaba a la camilla de una máquina de resonancia magnética para evitar el más mínimo movimiento de mi cabeza mientras tomaban imágenes. La resonancia duró mucho rato porque se hizo con contraste y con un grado de precisión mucho mayor de lo habitual. Luego tuve que esperar varias horas en una sala de espera con la estructura sujeta a mi cabeza, y tomando calmantes, hasta que se procesaran los datos escaneados de mi cerebro. Posteriormente atornillaron la estructura a la que yo seguía unido con la máquina de radiocirugía, la cual lanzó sobre mi cerebro un bombardeo de rayos gamma.

Salvo el proceso de atornillar la estructura a mi cráneo (que se hizo con anestesia local), el proceso fue indoloro, me refiero a la irradiación. No obstante, mientras estaba recibiendo la emisión me preguntaba qué efectos secundarios podría tener.

Como no era cirugía invasiva no tuve que ser ingresado y aquella noche pude marchar a casa.

Respecto a efectos indeseables yo no noté ninguno, pero al cabo de varios meses mi hijo mayor me confesó que se preocupó mucho porque estuve varios días hablando con mucha torpeza y lentitud.

Este tipo de intervenciones no sólo irradia el tumor, también un pequeño margen de 1 ó 2 mm alrededor del mismo para asegurar que el meningioma no crecerá por ningún lado. Por eso muchas veces me he preguntado si me ha quedado algún otro efecto secundario del que no soy consciente.

Este tratamiento no resolvió el problema pero fue un éxito porque con el paso de los meses el tumor se calcificó y dejó de crecer. Al menos hasta el momento en que escribo esto.

Desde la intervención visito periódicamente a mi neurólogo quien confirma que el tumor no crece. Al mismo tiempo me he sometido a diversos tratamientos, principalmente con antiepilépticos, intentando reducir las alucinaciones olfativas, pero ha sido peor el remedio que la enfermedad porque los efectos secundarios han sido muchos. Desde entonces le pedí al neurólogo que me quitara toda medicación y así vivo permanentemente rodeado de desagradables olores.

He comprobado que el único momento en el que no los percibo es cuando estoy en el gimnasio esforzándome en la musculación o haciendo ejercicios de cardio (supongo que en esos momentos la sangre se me irá del cerebro a los músculos y eso elimina las alucinaciones, pero sólo es una suposición mía).

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