Ausencias

En las alucinaciones visuales la persona ve algo que no es real. Comprende desde la visualización de pequeños destellos hasta personas, seres imaginarios e incluso escenas vividas.
unreal
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Registrado: Mar, 31 Mar 2020, 14:17

Ausencias

Mensaje por unreal »

Lo que voy a contar se refiere a alucinaciones visuales, pero también las hay cinestésicas (creo).

Cuando tenía 11 años sucedió que la mañana de un sábado, mientras estaba en casa intentando hacer los deberes (que tanto me costaba), de pronto, se me oscureció la vista. A los pocos segundos recuperé la visión y empecé a tener sensaciones muy extrañas y desagradables.

Noté que el sentido del tacto se me alteraba, era como si lo perdiera. Yo me mordía los dedos intentando sentir algo hasta el punto de hacerme daño y sangrar. Al mismo tiempo tenía la impresión de que mi alma se desencajaba de mi cuerpo y se alejaba unos cuantos centímetros. La ausencia de tacto y la sensación de que perdía el alma me aterró porque creía que me estaba muriendo.

Lloré asustado y mis padres corrían hacia mí a ver qué me pasaba, y entonces tenía otra extrañísima experiencia más terrorífica aún: Veía a mis padres deformados, con una gran cabeza, acercándose a mí, y todo a su alrededor moviéndose como imágenes psicodélicas. Mi percepción de la realidad parecía afectada.

Varias veces al año tenía estas crisis, en cualquier circunstancia y lugar.

Mi madre, muy preocupada, me llevó al médico, quien me derivó al psiquiatra. Era una época en la que ir a este especialista era casi sinónimo de estar loco.

Tras un encefalograma (entonces no existían las resonancias ni los escáneres) el diagnóstico que emitió el doctor fue el de epilepsia del tipo ausencias. La medicación consistía en Epilantín y Bonifén, que tome durante toda la adolescencia. No sé si estos medicamentos existen en la actualidad.

Con el paso de los años me di cuenta de que el estímulo que provocaba estas crisis solía ser (aunque no siempre) enfrentarme a una situación nueva. Por ejemplo los primeros días de colegio, visitar una nueva ciudad, cuando me presentaban a alguien. Recuerdo especialmente la primera vez que cogí un avión o cuando comenzaba en un nuevo trabajo.

Poco a poco me acostumbré a vivir con estas crisis epilépticas. Actualmente las sigo padeciendo con una frecuencia aproximada de dos veces al año, pero me he acostumbrado a ellas y no me causan ningún inconveniente ni afectan a mi calidad de vida. Es más, en ocasiones conseguí provocarlas para volver a experimentar aquellas sensaciones.

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